La felicidad en esta vida no depende de las circunstancias en que vivimos ni los acontecimientos sino de nuestra actidud y reacción a ellos.
Ahorita nos está pasando algo muy difícil, loco, grave, o mal. Este virus ha hecho un gran cambio en este mundo. Nunca pensaba yo, hace seis meses, que estaría aquí, que estes cubrebocas serían requeridos para discursar en la iglesia o hacer cualquier otra cosa, que el contacto físico como saludar o abrazar sería algo muy mal o que estaría yo, tan bendecido como estoy.
En estes momentos de dificultad podemos decir que vamos a ser tristes porque todo el mundo se puso mal. La economía fue casi destruido, no podemos visitar a parientes en otros países y pues antes de hoy, aún no pudimos ir a la iglesia para adorar al Dios Todopoderoso.
Pero Dios nos dio un gran poder. Que realmente podemos decidir ser felices aún en momemtos difíciles. Entonces les pregunto ahora, hermanos y hermanas, como el profeta Ammon del libro de mormon, "que bendiciones grandes nos ha concedido? Podeis decirlo?" (Alma 26:2)
Les voy a dar algunos de las bendiciones que hemos recibido como resultado de la pandemia pero quiero que ustedes, al regresar a casa después de está reunión hagan una lista, como familia de todas las bendiciones que han venido por causa de la pandémica.
Primero, hemos tenido la oportunidad de adorar Dios en nuestros hogares mas que nunca antes. Tenemos la gran oportunidad de participar de los sagrados sacramentos tomar la Santa Cena del Señor en nuestras propias casas. Que bendición! Eso trae un espíritu muy fuerte que al menos a mi me hace tan feliz.
Segundo, hemos tenido mas tiempo para conocer a nuestro Dios. Les voy a dar un relato del Elder John H Groberg, o mejor conocido como Kolipoki. El estaba en Tonga como misionero cuando les pego un huracán. Toda su comida y agua limpia fue destruido y vivían los siguentes meses con minimo alimentos. Al reflexionar en estes tiempos cuando estaba al punto de morir, escribió lo siguiente.
Otro lado del cielo: Pg 113-114 (aprendí- Dios)
Creo que cada uno de nosotros tiene una necesidad de estar tranquilos. Pero en este mundo, la tranquilidad es bien rara. No es algo que viene a menudo. Y eso le da risa a Satanás. El no quiere que tomemos ningún descanso del mundo, que nos acerquemos a nuestro Dios, o que seamos felices. Uno de sus mejores armas contra nosotros es la distracción. Si el logra distraernos al grado que no oramos, o no leemos las escrituras o no vamos a la Iglesia, es una victoria para él.
Yo sé, mís hermanos y hermanas, que Dios nos ama. Eso es una doctrina que nunca jamás cambiará. El quiere bendecirnos y que seamos felices. Y eso es una decisión. Entonces les ruego que no permiten que el diablo les distrae. Les pido que si ahora ven esta pandemia como una maldición, que recuerdan cuán misericordioso y bondadoso ha sido el Señor y hagan una lista de todos los bendiciones que han venido por causa de ella. Les amo y digo estas cosas en el nombre de Jesucristo, amén.

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